Bienestar — Obsesiones
Pensar algo no es lo mismo que serlo
Cuando los pensamientos obsesivos se instalan, la cabeza parece trabajar sola y, encima, contra ti. Soy Carlos de Solo, Psicólogo General Sanitario, y en consulta no te pido que los apagues a la fuerza, sino que entendamos qué intentan protegerte y qué parte de esa escena sí está en tus manos.
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Puede que te suene
La misma idea, otra vez, a las tres de la madrugada
Cierras la puerta de casa y, a los cinco minutos, ya estás dudando de si la has cerrado. Le das un abrazo a alguien que quieres y se te cuela una imagen horrible que no tiene nada que ver contigo. Mandas un mensaje y lo repasas diez veces buscando el fallo. O simplemente hay una frase, un recuerdo o una duda que vuelve y vuelve, como una canción pegadiza pero sin gracia ninguna.
Lo más agotador no suele ser el pensamiento en sí, sino lo que viene después: la alarma de «¿por qué pienso esto?», «¿y si significa algo de mí?». Ahí es donde el pensamiento deja de ser un visitante y se convierte en inquilino. Cuanto más intentas echarlo, más se queda, porque le estás dando justo lo que necesita: tu atención entera.
En consulta lo veo a menudo, y casi siempre con la misma vergüenza de fondo. Mucha gente llega convencida de que lo que piensa dice algo oscuro sobre quién es. Y no. Tener un pensamiento no te define, igual que no te define el que se te pase por la cabeza saltarte un semáforo.
La diferencia clave
Un pensamiento pasa. Una obsesión se agarra.
A todo el mundo se le cruzan ideas raras, dudas absurdas o escenas incómodas. La diferencia está en lo que haces con ellas. Algunos pensamientos pasan como un coche por la calle; otros se quedan porque tú los sujetas, sin darte cuenta, con una pelea o con una comprobación.
Un pensamiento que pasa
- Aparece, lo notas y sigue su camino aunque te incomode.
- No te obliga a hacer nada para estar tranquilo.
- Lo ves como una idea, no como una prueba de quién eres.
- Puedes seguir con lo que estabas haciendo.
Un pensamiento que se agarra
- Vuelve una y otra vez, y cada vuelta pesa más que la anterior.
- Sientes que tienes que comprobar, repasar o preguntar para calmarte.
- Lo tratas como una sentencia sobre ti.
- Te roba horas, energía y, a veces, ganas de estar con la gente.
Que sientas miedo ante una idea es válido, pero no es una carta en blanco para organizar tu vida alrededor de evitarla. Sentirlo y obedecerlo son dos cosas distintas.
Conectar con algo que sientes no significa actuarlo.
De dónde viene
Una mente que intenta tenerlo todo controlado
Detrás de muchas obsesiones hay una mente que aprendió pronto que estar alerta era una forma de estar a salvo. Si lo prevés todo, nada te pilla desprevenido. Si compruebas, no te equivocas. Si te anticipas al peor escenario, al menos no te duele tanto. Funcionó en su momento, y por eso se quedó. El problema es que el control no tiene techo: siempre queda una duda más que cerrar.
La mayoría de tus defectos son hábitos que aprendiste para mantenerte a salvo, y desde ahí, hazte cargo. Dar vueltas es uno de ellos. No viene a fastidiarte; viene con un trabajo, que es evitar que sientas algo que da miedo: la incertidumbre, la culpa, la pérdida de control, el no saber. Por eso, más que pelearte con el pensamiento, merece la pena mirar qué hay debajo. Puedes ver cómo lo abordo en la página sobre obsesiones, y si además notas que todo lo emocional te desborda, te puede interesar leer sobre gestión emocional.
Las emociones hay que sentirlas para procesarlas, no solo analizarlas. Y la obsesión es, muchas veces, puro análisis: la cabeza haciendo horas extra para no bajar al cuerpo, que es donde está lo que de verdad pide atención.
Mi manera de mirarlo
Cómo lo trabajamos en consulta
No se trata de ganarle la discusión al pensamiento. Esto es parte de lo que hacemos juntos:
A veces se disfraza
Señales que no siempre se ven como obsesión
Reconocerte en alguna no es un diagnóstico ni una etiqueta. Es una pista sobre cómo tu mente ha intentado cuidarte, y desde ahí se puede empezar a mirar.
Por dónde empezar
Qué puedes probar cuando la idea vuelve
Un poco de mí
Hola, soy Carlos
Soy Carlos de Solo Pérez, Psicólogo General Sanitario (Colegiado COP Madrid M-33078), con +10 años de experiencia acompañando a adultos en consulta presencial en Hortaleza (Madrid) y online. No aplico una técnica «de manual»: escucho y me adapto a ti.
Trabajo de forma integradora, combinando la terapia Gestalt, el psicoanálisis relacional, la terapia existencial y el eneagrama (programa SAT). Si hay una idea que no te suelta y quieres entender qué esconde, la miramos juntos sin darle más poder del que tiene.
Lo que cuentan
Quienes ya han pasado por aquí
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«Carlos te hace sentir escuchado desde el primer minuto, sin juicios y con mucha cercanía.»
«Un profesional excelente. Me ha ayudado a entenderme y a soltar muchísima presión.»
«Recomendable al cien por cien. Su forma de trabajar es humana y muy honesta.»
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