Bienestar — Obsesiones

Pensar algo no es lo mismo que serlo

Cuando los pensamientos obsesivos se instalan, la cabeza parece trabajar sola y, encima, contra ti. Soy Carlos de Solo, Psicólogo General Sanitario, y en consulta no te pido que los apagues a la fuerza, sino que entendamos qué intentan protegerte y qué parte de esa escena sí está en tus manos.

Pedir cita por WhatsApp Llamar: 649 37 64 02
Carlos de Solo, psicólogo en Madrid, acompañando a personas con pensamientos obsesivos

★★★★★ 5,0 · +40 reseñas en Google

+10años de experiencia
5,0★en +40 reseñas de Google
+300pacientes atendidos
M-33078psicólogo colegiado (COP Madrid)

Puede que te suene

La misma idea, otra vez, a las tres de la madrugada

Cierras la puerta de casa y, a los cinco minutos, ya estás dudando de si la has cerrado. Le das un abrazo a alguien que quieres y se te cuela una imagen horrible que no tiene nada que ver contigo. Mandas un mensaje y lo repasas diez veces buscando el fallo. O simplemente hay una frase, un recuerdo o una duda que vuelve y vuelve, como una canción pegadiza pero sin gracia ninguna.

Lo más agotador no suele ser el pensamiento en sí, sino lo que viene después: la alarma de «¿por qué pienso esto?», «¿y si significa algo de mí?». Ahí es donde el pensamiento deja de ser un visitante y se convierte en inquilino. Cuanto más intentas echarlo, más se queda, porque le estás dando justo lo que necesita: tu atención entera.

En consulta lo veo a menudo, y casi siempre con la misma vergüenza de fondo. Mucha gente llega convencida de que lo que piensa dice algo oscuro sobre quién es. Y no. Tener un pensamiento no te define, igual que no te define el que se te pase por la cabeza saltarte un semáforo.

La diferencia clave

Un pensamiento pasa. Una obsesión se agarra.

A todo el mundo se le cruzan ideas raras, dudas absurdas o escenas incómodas. La diferencia está en lo que haces con ellas. Algunos pensamientos pasan como un coche por la calle; otros se quedan porque tú los sujetas, sin darte cuenta, con una pelea o con una comprobación.

Un pensamiento que pasa

  • Aparece, lo notas y sigue su camino aunque te incomode.
  • No te obliga a hacer nada para estar tranquilo.
  • Lo ves como una idea, no como una prueba de quién eres.
  • Puedes seguir con lo que estabas haciendo.

Un pensamiento que se agarra

  • Vuelve una y otra vez, y cada vuelta pesa más que la anterior.
  • Sientes que tienes que comprobar, repasar o preguntar para calmarte.
  • Lo tratas como una sentencia sobre ti.
  • Te roba horas, energía y, a veces, ganas de estar con la gente.

Que sientas miedo ante una idea es válido, pero no es una carta en blanco para organizar tu vida alrededor de evitarla. Sentirlo y obedecerlo son dos cosas distintas.

Conectar con algo que sientes no significa actuarlo.

De dónde viene

Una mente que intenta tenerlo todo controlado

Detrás de muchas obsesiones hay una mente que aprendió pronto que estar alerta era una forma de estar a salvo. Si lo prevés todo, nada te pilla desprevenido. Si compruebas, no te equivocas. Si te anticipas al peor escenario, al menos no te duele tanto. Funcionó en su momento, y por eso se quedó. El problema es que el control no tiene techo: siempre queda una duda más que cerrar.

La mayoría de tus defectos son hábitos que aprendiste para mantenerte a salvo, y desde ahí, hazte cargo. Dar vueltas es uno de ellos. No viene a fastidiarte; viene con un trabajo, que es evitar que sientas algo que da miedo: la incertidumbre, la culpa, la pérdida de control, el no saber. Por eso, más que pelearte con el pensamiento, merece la pena mirar qué hay debajo. Puedes ver cómo lo abordo en la página sobre obsesiones, y si además notas que todo lo emocional te desborda, te puede interesar leer sobre gestión emocional.

Las emociones hay que sentirlas para procesarlas, no solo analizarlas. Y la obsesión es, muchas veces, puro análisis: la cabeza haciendo horas extra para no bajar al cuerpo, que es donde está lo que de verdad pide atención.

Mi manera de mirarlo

Cómo lo trabajamos en consulta

No se trata de ganarle la discusión al pensamiento. Esto es parte de lo que hacemos juntos:

Entendemos qué miedo concreto protege la idea que se repite.
Diferenciamos pensar algo de desearlo, de temerlo o de ir a hacerlo.
Miramos qué comprobaciones y rituales te dan alivio hoy y te cuestan caro mañana.
Llevamos la atención al cuerpo: dónde se aprieta cuando aparece la duda.
Trabajamos la incertidumbre como algo que se puede sostener, no como un enemigo.
Con enfoque Gestalt, volvemos al aquí y ahora, que es donde la cabeza no llega.

A veces se disfraza

Señales que no siempre se ven como obsesión

Comprobar «solo una vez más», disfrazado de responsabilidad. Cerrar, revisar, releer, y que nunca baste.
Pedir confirmación constante, disfrazado de confianza. Preguntas lo mismo a los demás para calmarte unos minutos.
Analizar sin parar, disfrazado de reflexión. Das mil vueltas a una decisión o a una conversación sin llegar a ningún sitio.
Evitar lugares o personas, disfrazado de prudencia. Tu vida se va haciendo más pequeña para no cruzarte con la idea.
Pelearte con la idea, disfrazado de fuerza de voluntad. Cada intento de «no pensar en eso» la hace más grande.
Sentir culpa por lo que se te pasa por la cabeza, disfrazado de conciencia. Te juzgas por pensar, no por hacer.

Reconocerte en alguna no es un diagnóstico ni una etiqueta. Es una pista sobre cómo tu mente ha intentado cuidarte, y desde ahí se puede empezar a mirar.

Por dónde empezar

Qué puedes probar cuando la idea vuelve

Ponle nombre sin discutirle. «Ahí está otra vez la idea de siempre» es más útil que intentar demostrarle que se equivoca.
Fíjate en el cuerpo antes que en el argumento. Dónde se te encoge algo: el pecho, el estómago, la garganta.
Nota qué haces para calmarte. Comprobar, preguntar, repasar. Solo observarlo ya cambia algo.
Aguanta unos minutos más de lo habitual sin hacerlo. Pocos, a tu medida. Sentir la duda no es lo mismo que obedecerla.
Pregúntate qué miedo hay debajo. Casi nunca es la idea; suele ser la incertidumbre, la culpa o perder el control.
Si te ocupa horas al día o te limita la vida, pide ayuda. No es fracaso: a veces damos un paso atrás para coger impulso.
Carlos de Solo Pérez, psicólogo general sanitario en Madrid

Un poco de mí

Hola, soy Carlos

Soy Carlos de Solo Pérez, Psicólogo General Sanitario (Colegiado COP Madrid M-33078), con +10 años de experiencia acompañando a adultos en consulta presencial en Hortaleza (Madrid) y online. No aplico una técnica «de manual»: escucho y me adapto a ti.

Trabajo de forma integradora, combinando la terapia Gestalt, el psicoanálisis relacional, la terapia existencial y el eneagrama (programa SAT). Si hay una idea que no te suelta y quieres entender qué esconde, la miramos juntos sin darle más poder del que tiene.

Lo que cuentan

Quienes ya han pasado por aquí

5,0 sobre 5 · +40 reseñas reales en Google.

★★★★★

«Carlos te hace sentir escuchado desde el primer minuto, sin juicios y con mucha cercanía.»

Reseña en Google
★★★★★

«Un profesional excelente. Me ha ayudado a entenderme y a soltar muchísima presión.»

Reseña en Google
★★★★★

«Recomendable al cien por cien. Su forma de trabajar es humana y muy honesta.»

Reseña en Google
★ Ver todas las reseñas en Google

Da el primer paso

No tienes que resolver la duda antes de hablarla

Si te has reconocido en algo de lo que has leído y quieres hablarlo, hablémoslo. Atiendo en consulta en Hortaleza, Madrid, y también online.

Escríbeme por WhatsApp Llamar: 649 37 64 02

Carlos de Solo Pérez · Psicólogo General Sanitario · Col. M-33078

Ir al contenido